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“Maten al león”, de Jorge Ibargüengoitia, un libro perfecto para entender el mundo

17/03/2019 20:39

 

 

“Maten al león”, de Jorge Ibargüengoitia, es un libro perfecto para entender el mundo. Cualquier mundo.

 

He vuelto a Ibargüengoitia. Me pasa siempre que recomiendo a un escritor inmenso y no demasiado conocido. Tanta insistencia se me vuelve en contra y ya me he liado. He tenido que resucitar un viejo ebook para el reencuentro, porque muchos libros de este mexicano hay que robarlos: están casi todos descatalogados, atesorados en bibliotecas de gente que ya se habla a solas con la muerte, en formato digital a precios indecentes o en la reventa del deseo, en tapa dura y valorados si fueran originales de un salterio medieval. Así que sin remordimientos: a por ellos en la zona pirata PDF, porque Jorge Ibargüengoitia es demasiado grande para que nos lo secuestren.

 

Pero por suerte, aún se venden algunos ejemplares a estrenar de “Maten al león” en la edición que RBA sacó en 2014, así que recomiendo explorar primero la web de la Fnac. No se pida prestado, que este libro se subraya, se dobla por las esquinas y lo normal es que se revise cada tres o cuatro años, porque cambia de color con la Historia. Hoy te habla del Imperio yanqui, de lazos amarillos, de Miraflores, del Kremlim o de Ankara. Y en cinco años te revelará la vida en otros palacios, porque tiranos, oligarcas, rivales de gutapercha e intereses mezquinos va a haber siempre.

 

Cuando Agatha Christie creó a su detective aficionada Miss Marple (de verdad que voy a llegar a alguna parte con esto) le dio el superpoder de extrapolar comportamientos humanos de pedanía a escenarios mucho más mundanos. Una sisa en la cuenta del colmado hacía de palanca para resolver un asesinato en, pongamos, un resort caribeño poblado por socialités internacionales.

 

La isla caribeña de Arepa, lugar imaginario donde se desarrolla “Maten al león”, tiene capacidades similares a St. Mary Mead, el pueblecito en el que residía Miss Marple. Se puede superponer con casi cualquier crisis política contemporánea. El presidente enquistado con presuntas ideas progresistas, la oposición apoyada por terratenientes que desean salvar sus bienes a toda costa, la conspiración destinada a liberarse del opresor, los cambios constitucionales al tuntún, la ley de expropiaciones de Damocles, las ideologías que hacen de amarracos, los tejemanejes y cambalaches del poder, los omnipresentes puestos de fritanga acompañando acontecimientos históricos…

 

En “Maten al león”, Ibargüengoitia se ríe de la Humanidad entera, así, como ente amorfo, como riada de cabezas de gallina seccionadas; del instinto de supervivencia transformado en zona de confort; de la esperanza convertida en petimetre sin madera de estadista pero con todos demás los avíos (educación superior y recursos bélicos, siempre que vengan en estuche de cuero y con mayordomo mañoso); de la enseñanza; del tiempo de la gente; de las letras; del amor; de las costumbres y tradiciones; de las buenas intenciones; de la existencia de los seres individuales.

 

Es un relato cinematográfico, atiborrado de imágenes precisas, de gestos y escenarios descritos con brillantez en tres o cuatro palabras, tan visualizable que no hace falta película (pero bueno, que la estrenaron en el 77). Y a la vez es un despliegue de prosa conceptista, rica y fabulosa, que para eso el autor es uno de los escritores más extraordinarios en lengua castellana, o al menos así lo veo yo. El texto se paladea como chocolate, la trama se disfruta con lágrimas de risa (¿no lo he dicho?, es una novela rocambolesca de principio a fin), la ambientación se celebra porque no trata de una isla caribeña en 1929, o sí, sino sobre todo porque está poblada de gente haciendo cosas, vistiendo trajes y diciendo ideas.

 

Está bien que se escriban libros nuevos, pero está mucho mejor que se lean libros viejos. Y que tengan ese toque de universalidad. Sobre todo si te gusta leer. Este se va a poder comentar con muy poca gente, pero se disfruta varias veces en la vida.

 

Pero bueno, que da igual lo que yo diga. Que yo no hablo de libros.

 

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