Cazar al troll de Twitter: tácticas para desenmascarar anónimos

22/01/2015 21:31

 

Parece imposible saber quién se esconde tras una cuenta de Twitter con seudónimo. El anonimato y la aparente impunidad envalentona a muchos para amenazar e insultar desde esta red social, pero el delincuente tuitero deja más pistas de las que piensa. El espíritu gregario, la torpeza y las pasiones son sus puntos flacos. Éstas son mis tácticas, absolutamente legales y transparentes, para cazar trolls de Twitter.

 

Este martes, la cuenta de Twitter de la periodista Mayte Carrasco se vio inundada de insultos, mansajes de descrédito y calumnias tras aparecer en el programa En tierra hostil de Antena 3 Televisión. Tuvo que soportar tuits con calificativos como “bastarda”, “mentirosa” e insinuaciones de que estaba untada para decir lo que dijo.   

 

Mayte es una reportera de guerra fajada, ha cubierto las primaveras árabes desde el principio, ha seguido sus derivas y sabe lo que es estar bajo una lluvia de bombas. En el programa hacía un análisis de situación del conflicto sirio y el yihadismo basado en los que sus propios ojos han visto sobre el terreno, muchas veces bajo fuego cruzado.  

 

Es periodista de guerra freelance, lo que hoy en día significa que su compromiso de contarnos lo que pasa en las zonas más peligrosas del mundo está por muy encima de un cómodo contrato con una gran cabecera: los independientes en zona de conflicto son así, van y lo cuentan, se juegan la vida y muchas veces ni sacan de sus crónicas lo bastante para pagarse el viaje. Se puede compartir o no su visión, pero tienen todo el criterio. El insulto y la amenaza son inaceptables.

 

Algunos de los mensajes que recibió Mayte procedían de cuentas de personas con nombre y apellidos, pero la mayoría se escondía bajo el aparente anonimato de la red social.

 

El troll es ese personaje intoxicador que ataca, amenaza e insulta en Internet creyendo que no le va a pasar nada. Fantasean con que poseen una capa de invisibilidad que les permite disparar desde la impunidad, pero son mucho menos listos de lo que ellos creen. 

 

Siembran de consignas los comentarios en los diarios, se enzarzan en los foros, fundan blogs mierder y, sobre todo, sacan la garrita en Twitter para anunciarle a alguien, muchas veces a periodistas, que merecen una bomba bajo el coche o un par de disparos en la nuca. Pues eso, que lo sepan, es un delito.

 

Siempre he sentido curiosidad por saber quién se esconde tras los trolls, y he desarrollado ciertas maneras de saber cómo cercarlos, no para hacerles nada, sino simplemente por saber si son tan resbaladizos como ellos creen. Después de muchos años de observación en Twitter, tengo algunos trucos para desenmascarar trolls, todos legales, simples y basados en sus flaquezas.

 

El troll es gregario y bastante torpe

 

Aunque parezca un francotirador apostado en un depósito de agua, el troll no puede eludir su naturaleza gregaria y suele ir en manada. Cuando abre la cuenta, incluso con intención de trolear, se lo cuenta a sus amigos, es así de flojo, porque necesita aplausos inmediatos de la jauría.

 

Esta debilidad deja un resquicio desde el que asomarse al tipo que se esconde tras un troll. La táctica es un trabajo de encajera, requiere tiempo, paciencia y constancia. Para pillarle, hay que ir a su perfil y examinar a sus primeros followers. Si tienen miles, habrá que bajar cientos de pantallas hasta dar con ellos, pero su círculos de amigos, colegas del trabajo o de la facultad y amigotes íntimos está entre esos 20 ó 30 primeros followers… y no todos se ocultan bajo un seudónimo.

 

Ahora hay que meterse en esos primeros 20 ó 30 perfiles y estudiar los que se repiten continuamente… sí, ya tienes a la manada. Si sigues con tesón su presencia en Instagram, Linkedin, Facebook y demás redes, darás con fotos y detalles dell troll que buscas. Puede que él sea cuidadoso, pero su entorno nunca lo es. Lo tienes, como poco, rodeado.

 

Hay mucho troll directamente idiota

 

A veces, el troll es tan corto que se pone de follower el primerito con su cuenta de verdad, en la que aparece su nombre auténtico y enlace a su blog o empresa. 

 

Suele ocurrir cuando crea una cuenta instantánea con avatar-huevito para atacar a un perfil concreto sobre un asunto concreto, delinquir y luego cerrarla. Mira la fecha de creación, por si es el caso, y ve a los followers: es posible que le encuentres allí, porque le angustia mucho si no le sigue nadie.

 

El troll tiene pasiones ajenas a la política

 

El troll puede esconderse bajo el avatar de Lenin, pero es incapaz de renunciar a sus ‘otras’ pasiones. Es algo que aprendí de una maravillosa película argentina, El secreto de sus ojos, aunque en aquel caso se trataba de localizar a un asesino.

 

Aunque se haya hecho la cuenta anónima para azotar fachas -o lo que él/ella considera que es facha, que suele todo el que no es él/ella-, el troll siempre comete descuidos y desliza entre sus tuits mensajes a amiguetes, alusiones concretas a lugares y momentos identificables o menciones a su peña ciclista, a su clase de la facultad, a las fiestas de su pueblo o a una excursión para esquiar en Xanadú. Muchas de estas pistas son rastreables y, como ya sabemos, el entorno del troll es indiscreto. Muy indiscreto.

 

Muchas veces, el troll vive de trolear

 

En ciertos países con grandes maquinarias de propaganda, ser troll es una profesión bien remunerada que permite al intoxicador propagandista vivir muy por encima de la media nacional y acceder a herramientas y rincones de Internet impensables para sus paisanos.

 

Por esta razón, una de las acusaciones más frecuentes de los trolls recalcitrantes es que a los demás les pagan por decir lo que dicen. Que si la CIA, que si las multinacionales… Se basa en su propia experiencia y “cree el ladrón que todos son...”.

 

Lo sé porque hace como un año rastreé a un grupo que estaba atacando a un periodista amigo por informar de lo que había visto en unas elecciones nacionales en un país raro... Lo brearon por no contar lo que ellos, que no habían pisado el país en cuestión, querían que contara, básicamente consignas de terceros países.  

 

Fue una currada de seguimiento de decenas de cuentas y perfiles, pero al final logré delimitar a un grupo fijo que manejaban varias cuentas cada uno, aunque los eslóganes eran siempre los mismos. Algunos ‘trabajaban´desde una capital caribeña y otros estaban ‘refugiados’ en un país del norte, viviendo de la caridad estatal.

 

Al troll profesional es difícil agarrarlo o denunciarlo, entre otras cosas, porque no está en territorio nacional, pero al menos sí que se le puede bloquear. Tampoco hay que correr riesgos por hacerse fuerte en Twitter.

 

¿Y si ya lo tengo?

 

Nunca te enfrentes, ni lo busques en la calle, ni corras el menor riesgo por un tontolculo (o una, que hay mucha troll) que se esconde tras una estrella roja o una esvástica. Lo que hay que hacer es denunciar (al Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil) y recoger pruebas.

 

Y si simplemente ves que se cometen tropelías en Twitter, denuncia también. Cuantos más trolls metamos en la mazmorra, más cerca de parecerse al osito de Mimosín estarán los demás de la jauría.

 

Guerra al troll.