Diez consejos de una feminista práctica

15/07/2016 18:29

 

Después de semanas de ‘reavivado discurso feminista’, y especialmente en la recta final de las elecciones, me sigo preguntando si sigo siendo feminista o qué tipo de feminista soy.

 

 

Los mantras de la igualdad y las desgastadas frases pronunciadas en las asambleas de mujeres se me quedan muy, muy viejas: llevo décadas oyéndolas en esas mesas redondas ‘paralímpicas’ de tema femenino que se convocan en cualquier evento, ya sea de empresa, literatura, religión, política o nuevas tecnologías.  

 

Todas esas confesiones de acoso en un estrado –pero no en comisaría-, las cifras de la brecha y de la representatividad femenina en los consejos de dirección, esos incendiarios memes protagonizados por párrocos carlistas que me llegan por whatsapp o por Twitter, o los escándalos por la lactancia en público me indignan como a la que más, pero es verdad que con el tiempo he aprendido que cada conquista de una mujer es una conquista para todas las mujeres, y que el primer paso se da cruzando los propios límites.

 

Es necesario que las leyes nos ayuden a alcanzar el lugar que nos corresponde como ciudadanas, pero también vale ocupar los espacios en que nos apetece estar. Por nosotras, por las demás, por nuestras hijas y por las que se incorporan al mundo moderno.

 

Creo que no se trata tanto de que nos valoren y protejan por nuestra condición de mujeres como que nos reconozcan como jugadoras de la liga absoluta. Y eso sólo se logra jugando en la liga absoluta. Vaya, sí, sigo siendo feminista. Y también más racional. Y más práctica.

 

Hay diez pasos hacia adelante que consiguen conquistar mucho. Para ti misma. Para todas.

 

1. No te quedes en casa

 

Trabaja fuera, ejerce tu profesión, sé voluntaria, ayuda en la parroquia, participa en política, lo que sea, pero no restrinjas el mundo a tus cuatro paredes. Cada vez que una de nosotras opta por dedicarse en exclusiva a su casa no sólo estrecha su universo a las dimensiones del hogar, sino que hace más difícil la vida que las que sí han decidido trabajar fuera. Sólo habrá avances significativos cuando el reparto de tareas y la gestión de la familia sea un debate en cada casa, y no sólo de parte de los hogares. Trabajar fuera de casa es una situación difícil: nadie dijo que fuera un camino fácil.

 

2. No cambies independencia por amor, ni por estatus

 

Elige bien a tu compañero: tiene que quererte como eres, respetarte y respetar tus sueños y aspiraciones. Parece una idiotez, pero no lo es. El amor sólo se puede intercambiar por amor, no hay otro negocio posible. Acceder a un reparto vital que te saque del espacio profesional es una desventaja para ti a largo plazo. No te conformes con un compañero mediocre, mezquino, violento o que quiera ponerte del revés. No es apuesta ganadora.

 

3. Nunca te desentiendas de los números

 

Llevar las cuentas, o participar en la gestión financiera familiar es un verdadero pestiño, lo sé, pero quedarse al margen es mucho peor. La igualdad de derechos pasa también por estar al tanto de las obligaciones económicas: cuánto tienes, cuánto debes, cuánto ingresas y gastas al mes, cuántas horas de trabajo cuesta cada compra que haces. Nunca firmes nada sin haberlo leído al menos dos o tres veces. 

 

4. Piensa en ti a largo plazo, siempre, siempre, siempre

 

Todas las tareas asociadas a la maternidad tienen fecha de caducidad. El destete, aunque esté de moda prolongarlo hasta los cuatro o cinco años, es inevitable; los hijos acaban por irse de casa; no todos los maridos son para siempre y un día tendrás edad de jubilarte: ¿de qué vas a vivir entonces? Confiar en que Dios, tu ex, el Estado o la Madre Tierra proveerán no es una previsión realista. Tienes que planificar ese momento como si fueras a estar sola. Y construirlo tú misma.

 

5. Educa a tus hijos en la independencia

 

Cuanto más autosuficientes sean ellos, de más independencia gozarás tú. Enséñalos desde pequeños a vestirse, bañarse y hacer solos las tareas del cole, a recoger su ropa y sus juguetes. Con la edad, deber ir sabiendo cambiar sábanas, coser un botón o un dobladillo, poner la lavadora, vaciar el lavavajillas, limpiar su cuarto y su baño, reactivar los fusibles si se va la luz, reiniciar el router, poner y quitar la mesa, planchar y prepararse la cena. Deja que se equivoquen y practiquen, la perfección llega con el tiempo, y reconoce todos sus logros. Les será útil toda su vida.

 

6. Aprende a reparar las cosas

 

Es lo más pesado, pero sólo porque nos hemos acostumbrado a mirarlo como tareas masculinas. La igualdad requiere ciertos esfuerzos, y el del mantenimiento es uno de ellos. Tanto si se trata de colgar un cuadro, renovar la silicona de la bañera o reparar un interruptor, hay tutoriales en Youtube para cualquier tarea de bricolaje que necesites hacer, y es más rápido que perseguir a otro para que lo haga. Y con el coche, lo mismo: siempre te será útil saber mirar el aceite y el aire, echar gasolina, cambiar una rueda o ponerte al día con el papeleo.  

 

7. Toma lo que es tuyo, no lo ruegues

 

Tienes derechos, no permitas que se conviertan en favores, y muchísimo menos, en deudas. La estrategia de hechos consumados es mucho más práctica que el acercamiento tímido: “me acojo a la jornada reducida” es más efectivo que “oye, mira, estaba pensando que me vendría bien, como mis niños salen a las cuatro de la guardería, si eso”…  Si, de entrada, te colocas en una posición de inferioridad cuando pidas algo que te pertenece, el resto de la “negociación” va a seguir con tiros a tu portería.

 

8. Sé racional en el trabajo

 

Digan lo que digan, no hay una manera masculina ni femenina de trabajar, sino mejor o peor, con mayor o menor seriedad. Ningún defecto tradicionalmente –y de forma errónea- atribuido a las mujeres sirve para nada en un entorno laboral. Quejarse constantemente a quien no puede hacer nada por mejorar tu situación, cotillear demasiado, llorar a cada toque de atención o marginar a los recién llegados al equipo son el tipo de cosas que corroen los ambientes, las hagan hombres o mujeres. Hay una cosa que se les da muy bien a los hombres: decir exactamente lo que quieren para su carrera. No veo por qué nosotras tenemos que esperar en silencio a que nos lo ofrezcan, si lo que ellos hacen da mejor resultado. No es imitarlos, es ser lógicas.

 

9. Negocia con números, no con problemas

 

El mejor consejo de mi vida para negociar lo aprendí de un hombre, un jefe que, cuando fui a pedir un aumento, me dijo que los avatares de mi presupuesto familiar no eran relevantes para el proyecto en el que trabajábamos, y que la siguiente vez que entrase en su despacho, fuera con los números en la mano, es decir, que calculase lo yo aportaba a lo que hacíamos. Efectivamente: sentarse y hacer recuento de cuánto ganan ellos con lo que haces tú, es la única manera objetiva de exigir que te paguen más. Los hombres lo saben hacer casi como algo natural, aprenderlo nos conviene. Hasta que cambie el mundo, es lo que hay.

 

10. Construye tu propio espacio

 

La única persona que de verdad va a estar a tu lado durante toda tu vida eres tú. Aunque cambien las circunstancias, tengas familia numerosa o tu carrera te exija extenuantes jornadas aborales, tienes que tener un espacio para ser tú y para hacer cosas que te gusten a ti, para reencontrarte contigo. Sola, sin necesidad de compañía, y sin complejos. Da igual si es leer, ver películas o hacer punto de cruz. Tu momento es sagrado. Es quedar a menudo con una amiga: la que mejor te comprende y la que más te quiere.

 

Lo mismo tienes algo que decir, adelante

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