Gestos que te hacen sentir como un millonario

25/11/2013 13:39

 

Cada uno tiene su propia guía de felicidad. No tengo la más remota idea de qué es lo que hay que hacer para ser feliz. Pero sí que sé con qué cosas puedo mantener a raya a la desdicha. También sé que mientras más dentro de ti estén, y más inaprensibles sean, más eficientes resultan.

 

 

 

 

Cocinar

Disfrutar de la buena comida, saber elegir en el mercado y animarse a reproducir grandes platos no sólo es la máxima expresión del mimo a uno mismo, sino también la máxima expresión de independencia personal.  Un amigo dice que no es lo mismo “cocinar que hacer de comer” y tiene toda la razón, especialmente si en ti recae el peso de casi todas las comidas familiares y los tápers, la planificación y el esfuerzo de meter verduras a toda costa. Pero hay pocos placeres comparables a sentar a la familia el domingo frente a una lubina a la vasca y que pongan los ojos en blanco. Es fácil si tienes buenos maestros: mis mejores recetas han salido de  libros como 1080 recetas de cocina, de Simone Ortega, 1069 recetas de cocina, de Karlos Arguiñano, Manual clásico de cocina (el de la Sección Femenina) o, mi favorito, Las mejores recetas con patatas, de Iñaki Oyarbide, que abro sin falta una vez a la semana.

 

Hablar idiomas

Revisar la prensa extranjera cada mañana y ver lo que realmente dice, y no lo que te dicen que dice. Leer un buen libro tal como se escribió o escuchar en la voz de un actor la frase exacta. La juerga de aquel vagón de fumadores en el tren de Nueva York a Jacksonville en el que coincidimos gente tan divertida; las charletas en facebook con mi colega periodista de la India; las bromas con los vendedores de trozos de muro en Berlín; el tarareo de canciones de Moustaki; brindar en casi cualquier lengua…  Es viajar y ver mundo todos los días.

 

Escribir a mano

Todo lo apunto de mi puño y letra. Con bolígrafos bonitos o con pluma (una Lamy Safari de metal gris que relleno con negrísima tinta Parker). Guardo decenas de agendas y cuadernos garrapateados, una caja con papel Parchemin verjurado y sobres en tono crema. Las cosas importantes no se anotan en el móvil ni en el calendario Google. Las cosas relevantes merecen papel, letra firme y Moleskine.

 

Leer

Un libro está obligado a darte placer. No hay por qué acabar una historia escrita que no ha conseguido captar tu atención. Lo que te pasa con un libro casi siempre debe quedar entre tú y el libro. Hay más obras maestras literarias que tiempo disponible para leer. Tragarse un libro para presumir no es leer. Ante la duda, siempre es mejor releer que empezar una mala novedad concebida al calor de una tendencia. Repito: un libro está obligado a proporcionarte placer. Inmenso placer personal.

 

La música clásica

No existe nada que abrigue, decore y enmarque los sentimientos con la intensidad y color de la música clásica. El concierto 1055 de Bach, los conciertos dobles de Vivaldi (en especial el 93), la Sinfonía Italiana de Mendelssohn, la Primera Sinfonía de Beethoven, la Cuarta de Mahler, o la Música Acuática de Haendel están entre mis favoritos.

 

La cerveza

Si no fuiste llamado por los caminos de la enología, siempre te quedará el refugio de la cerveza. Incapaz de apreciar los tintos hechos con tempranillo y garnacha, esos que seducen a todo el mundo y a mí me parecen rasposos, siempre he sido muy feliz ante una buena cerveza belga, checa, irlandesa, alemana, española o inglesa. Tres etiquetas infalibles: Erdinger de trigo, Pilsner Urquell checa y Estrella Galicia.

 

El viejo coche sueco

Tengo un pequeño Toyota nuevo, práctico y fiable, sensato y ahorrador. Pero no me hace sentirme especial. Es el viejo SAAB, mi automovilística favorita de todos los tiempos, el que me hace sentirme segura y feliz cuando conduzco. Suelo llamarlo “el clásico” y adquirirá dicha categoría en apenas ocho años. Si no llega a tanto, por la dificultad de encontrar repuestos y alguna que otra complicación derivada de la bancarrota del fabricante, volveré a empezar con alguno de los que todavía son casi nuevos. Esta vez con un 93.

 

Las buenas piezas de los 'tiempos felices'

Cuando viene la crisis entiendes perfectamente el concepto de ‘inversión’ aplicada a una prenda o complemento. Son simples cosas útiles de las que te sientes orgullosa diez o quince años después: unas gafas Ray-Ban, una gabardina de Burberry comprada en rebajas, un bolso de Lamarthe… indestructibles, sólidos, intemporales y duraderos.

 

Viajar

Viajar es vivir. Durante unos días, el viaje te exige atención completa y exclusiva. Poniendo tierra por medio, ves claras decisiones y rumbos vitales que hasta ese momento se presentaban nebulosos. No existe placer igual que el de pisar paisajes y ciudades nuevas, experimentar sabores diferentes o ver obras de arte sin intermediarios. Cualquier proyecto concebido como un viaje será un éxito siempre. Entre los proyectos personales, a corto, medio y largo plazo, siempre debe haber viajes.  En mi caso, marcan el ritmo de la vida.