John Cheever y Mad Men, recaída y contagio

10/04/2012 21:17

 

Recuerdo haber visto, siendo muy pequeña, la película “El nadador”. Debía tener seis o siete años y entonces todas las teles eran en blanco y negro. Plagada de situaciones humillantes y con una escena final sobrecogedora, quedó grabada en mi mente para siempre.

Hace muchísimos años encontré un libro titulado “El nadador” en un tenderete de calle. Tuve que empezar a leer el relato que da título al libro para comprobar que era la historia que recordaba. Lo era. Me llevé aquella edición infame de bolsillo que hoy parece una baraja.

Me enamoré del autor, John Cheever. Su antología estaba entre las primeras obras que cargué en el ebook. Siempre vuelvo a esas 5.000 páginas despegadamente apasionadas, entreveradas de retratos puntillistas y observaciones sagaces y amargas, infinitas e inabarcables, a pesar de que los relatos apenas cubren entre 40 y 60 páginas.

Cuando me enganché a la serie Mad Men me rondaba la conexión en la cabeza. Se parecían tanto. Un día consulté en Google si había algún nexo y di con miles de guiños documentados. El fundamental, que los protagonistas de la serie viven en un pueblo neoyorquino en el que residía Cheever.

Al igual que los personajes de Cheever, los habitantes de Mad Men celebran colectas y fiestas en el club local, trabajan en publicidad y mantienen un coqueteo permanente el alcohol (y el tabaco). Se divorcian y ven a sus amantes en hoteles, les regalan estolas de piel… vuelan a Roma, esperan el tren a Manhattan en la estación rural por la mañana, cenan en la cocina… Hay decenas de webs que habían descubierto tal recreación antes que yo.

Mad Men bebe en Cheever hasta el fondo de la botella. Lo curioso es cómo el estreno de la quinta temporada en EEUU, a finales de marzo pasado, me hizo recaer en la relectura del autor estadounidense. Y cómo ahora son los personajes y paisajes de la serie los que ilustran los relatos, poniendo nuevos fotogramas sobre el hecho, siempre sublime, de releer.