Lugares sublimes que un día fueron míos

28/01/2012 21:37

Para viajar sólo hace falta una cosa: ganas. Con pasión por ver mundo no hay tugurio ni fiasco culinario que no se convierta en anécdota. He tenido golpes de suerte inmensos viajando casi sin dinero. Al lujo de saber disfrutar las cosas a veces se une el lujo puro, el de verdad.  

 

Calculo bien mis viajes, busco alojamientos con tiempo, comparo muchísimo y acierto bastante. No es nada fácil cuando trotas por el mundo con mochila, cambiador de pañales, biberones y teniendo que reservar para cuatro con un presupuesto ajustadísimo.

 

Insisto en que sólo hay un secreto: reservar con meses de antelación, explorar todas las opciones del lugar elegido, leer cientos de opiniones de viajeros (preferentemente en sitios en los que sólo puedan calificar quienes se han alojado en el sitio, por ejemplo, booking.com) y dar decenas de vueltas hasta que los deseos y el presupuesto encajen.

 

Algunas sorpresas que me deparó la vida y que me hicieron sentir como una reina. Las fotos, por supuesto, son mías:

 

Aldeia da Mata Pequena (Portugal) | www.aldeiadamatapequena.com/

 

 

Deliciosa aldea bucolico-ecológica a 35 kilómetros de Lisboa, cerca de Mafra. Diogo Batalha abandonó la vida lisboeta y cumplió un sueño: recuperar un caserío como alojamiento rural, maravillosamente restaurado por artesanos de verdad y amueblado con piezas antiguas. Muchos portugueses exiliados por Europa vienen de vacaciones para saborear la vida tal como la contaban sus abuelos.

 

Ves la web y te enamoras, ya que las fotos son impresionantes. Llegas allí y es aún mejor. La ancianita vive allí, las casas son tal cual, te traen pan de Mafra caliente a las 9 de la mañana para el desayuno… Y el GPS se vuelve loco, porque el sitio no aparece en mapas oficiales.

 

Puedes alquilar una casa para dos desde 60€ la noche y una de cuatro por 90€. Nosotros tuvimos  la Casa do Poço, con un dormitorio en el torreón y vistas de 360º. Es un sitio indescriptible, roza el cielo. Y vale la pena conocer a los propietarios, que viven en la aldea.

 

Hotel Katajanokka (Helsinki, Finlandia) | www.bwkatajanokka.fi

 

 

Cama perfecta. Enorme. Firmeza adecuada. Almohadas de plumas. Edredones de plumón. Sábanas de algodón fino y fresco como una caricia. Bien estiradas. Exactamente la sensación de posarte sobre una nube. Nunca, jamás, he sentido nada igual, ni siquiera en un cinco estrellas.  

 

Y yo que andaba refunfuñando porque el contiguo Scandic, mi primera opción, se me salía de presupuesto… Ésta es la lección: la cama es lo que importa. No creo que el Katajanokka logre la 5ª estrella, pero no es porque no sea un magnífico hotel, sino porque, al ser una antigua cárcel convertida en alojamiento, no hay espacio para más o más lujosas instalaciones.

 

Por lo demás, conservan muchas viejas instalaciones de la cárcel: una celda intacta, puertas enrejadas, la estructura en galerías... Desayunos muy agradables y llenos de ambiente si tienes la suerte, como nosotros, de coincidir con un festival heavy metal.  Al acostarte en verano tienes que acordarte de echar bien la cortina, porque entra claridad toda la noche. Los cuatro, con los niños acomodados en un sofá cama estupendo fueron 100€ la noche. Quiero volver.

 

Dirección secreta, Oià, Santorini (Grecia)

 

 

Lo siento, no publico nombres. Paso el teléfono por mail a los amigos, pero esto es un secreto. Es el lugar con las vistas más impactantes de Oià, el pueblo más bonito de Grecia, colgado sobre el cráter del volcán de Santorini. Y aún uno de los pocos alojamientos asequibles cuando se viaja en familia. Efectivamente, sale en muchas postales de la isla.

 

Llegas allí y sabes que estás inmersa en una historia de amor. La cuentan los muebles, la cuentan las alcobas excavadas en el acantilado, la cuentan la luz y los veladores azules de esa terraza. Los turistas de paso nos miran con envidia. ¿Salir a cenar? Ni hablar. Echamos a suertes quién va a por la pizza y el retsina y no nos movemos de esta terraza en los próximos cuatro días. Lo juro.