Por qué son infumables las últimas adaptaciones de Zola para la tele

27/06/2014 22:23

 

Cuidadín con las adaptaciones, que las carga el diablo. Parece como si los productores de las últimas recreaciones para televisión de la maravillosa novela “Au Bonheur des Dames”, de Émile Zola, comprasen motos al peso. O peor, que unos listos esperaran que nadie supiera reconocer la historia que narra un libro tan extraordinario como viejo. O peor, que éste cayera en manos de escritores sin escrúpulos que cuentan con el olvido como arma para que no se destape su plagio.

 

 

Hablo de Mr. Selfridge (que en España se pasa en RTVE) y de Galerías Paradise, que emitió Telecinco. Las dos son británicas y las dos tienen la pesadez de las adaptaciones sin ganas. Al parecer, ambas producciones han tenido sus más y sus menos entre ellas por pisarse la idea de contar la historia de los primeros grandes almacenes de Londres.

 

De Mr Selfridge sólo vi un retazo que pillé una noche de casualidad. Según la web de la tele pública está basado en el libro de la especialista en moda Lindy Woodhead. Ya. Y en el de Zola, maja, sólo que colocado en Londres, cambiado de época, con personajes americanos metidos con calzador y despojado de la astucia con que Zola metía la nariz en todas las cocinas para luego volcar sus cubos de basura ante el mundo.

 

En la web de RTVE se pueden descargar los primeros capítulos del libro en el que, presuntamente, está basada la serie. No me digas. He leído como diez veces “Au Bonheur des dames” y juraría que la tal Woodhead lo ha leído otras tantas. Parece la parodia de guión de cine que anda escribiendo la chispeante Bridget Jones en la última entrega de la saga, “Loca por él”, mucho más divertido y recomendable que cualquier inglesada con pretensiones.

 

Galerías Paradise es otro engendro sin gracia nacido porque ‘las series británicas de época siempre venden’.  Ésa sí que está basada en la novela de Zola, aunque localizada en Londres. Sosa, muy sosa, pero por lo menos fiel a la historia original.

 

Para adaptar bien una novela al cine o a la tele hay que amarla y hay que entenderla. Hay que haberla leído unas cuantas veces para descubrir todas sus posibles lecturas. Peter Jackson lo hizo así con “El Señor de los Anillos” y e hizo felices a millones de fans de Tolkien.

 

Reescribir y enmendar una gran obra, aunque sea en presunto beneficio de los espectadores, es un inmenso error. Hacerla pasar por propia, aunque sea en una primera etapa de la serie, es de un descaro insoportable.

 

Ninguna de las dos adaptaciones vale el esfuerzo de ponerse ante la pantalla. Pero siempre es buen momento para recomendar una fabulosa novela de Zola que lo explica todo sobre cómo los grandes almacenes se las arreglan para aturdir y enamorar a sus clientes, para vendernos lo que no pensábamos comprar, los bienes y males de la codicia o las penurias de quienes empiezan su carrera profesional.

 

Pero “Au Bonheur des Dames” es, sobre todo, la amarga reacción de un viejo mundo que se derrumba ante otro nuevo y poderoso que emerge. ¿A qué se parece esto último? Las reacciones del pequeño comercio ante las grandes superficies, del papel ante lo digital, de la radio ante la tele, ya las había contado Zola en 1883.

 

Es una novela fantástica para este verano. Se editó en español hace poco bajo un título clásico que siempre ha tenido en España, “El Paraíso de las damas” y que a mí, en particular, me deja fría, porque pierde la doble intención del título original en francés: el nombre de la tienda y el carácter seductor del propietario.

 

Yo la habría traducido como “Para gozo de las damas”, porque es el estilo de nombres que se ponía a los establecimientos en el siglo XIX y porque Octave Mouret, el dueño de los almacenes, tenía el don de dar a sus contemporáneas lo que deseaban, tanto en las alcobas como en los mostradores, y no hacía distingos entre damas y criadas: a unas guantes de cabritilla, a las otras puntillas para bonetes a dos perras el palmo.

 

Ninguna serie de televisión ha sido capaz de desplegar la belleza de los escaparates, los colores y texturas de la seda o el lujo de las “Semanas fantásticas” con la luz y riqueza de detalles de las descripciones de Zola. Y para quienes se enamoren a la vez del autor y el protagonista y se manejen en francés, “Pot-Bouille” (la marmita), la crónica de la llegada de Mouret a París dispuesto a conquistar la capital a través de las señoras.