Si yo fuera tú, joven periodista

23/02/2018 14:34

 

 

Te quejas de que te sobran ganas y te faltan oportunidades. De que has echado mil currículums y no te llaman. De que te ofrecen escribir sin cobrar. De que los medios están cerrados a cal y canto para perfiles como el tuyo. De que, de abrirse un poquito, no pagan las prácticas o pagan fatal. De que has hecho cursos y nada. De que tienes historias fascinantes que contar en paisajes lejanos y que, además de no comprártelas, es que ni te pagan el viaje.

 

De que estás deseando abrirte paso en un periódico, una revista, un digital, una radio o una tele, y no hay manera.

 

Y tienes razón, es muy difícil meter la cabeza en esta profesión. Muchísimo. Y cuando surge algo, las condiciones suelen ser lamentables y sin muchas perspectivas de continuidad.

 

Es frustrante, lo sé. Coincido con jóvenes periodistas como tú a menudo y vuestro pesimismo tiene razón de ser.

 

Pero también detecto cierta desconexión con lo que es en realidad ejercer el periodismo hoy. Que, a menudo, la idea imaginaria idealizada de trabajar en un medio se parece muy poco a lo que de verdad es formar parte de una redacción como periodista principiante. Que se confunden los sueños con lo cotidiano. Que lo que quieres es ir al otro lado del mundo a escribir grandes historias y que lo que hay es un ordenador para retocar despachos de agencia o una conversación de cinco minutos con un experto para poner un colorín en un articulito sin trascendencia. O, peor aún, resumir una tontería que ha dado la campanada en Twitter.

 

No te engañes: es un túnel que hay que pasar. Nadie arranca su carrera de enviado especial a Gaza. Aunque sí te digo que quienes son capaces de hacer todo ese tedioso trabajo de cubículo, hacerlo bien, y además presentar buenas ideas por su cuenta, no pasan inadvertidos.

 

Si de verdad quieres ser periodista, nunca dejes de intentarlo, nunca.

 

Y ejercita el músculo periodístico, porque es lo que te va a distinguir en toda esta primera etapa, tan dura y tan competitiva. Prepararte por tu cuenta tiene todas las desventajas del entrenamiento físico autodidacto, siempre es más fácil con un monitor. Pero no lo tenemos, así que, chándal, calle, y a correr por tu cuenta.

 

Siempre me piden trabajo, no consejo. Lo siento, solo tengo consejos:   

 

Agudiza el olfato periodístico. El mundo está lleno de historias interesantes. Si de momento no puedes viajar a Asia o a África, la oficina del paro, un negocio en liquidación, el ambulatorio de tu barrio o esa puerta ante la que la gente hace cola para que le den un bocadillo pueden ser un filón. Abre bien los ojos, porque el factor local siempre ha sido un ingrediente de gran interés periodístico.  

 

Cierra Twitter, sal a la calle. Exacto. Twitter no es la vida real, sino un microcosmos paralelo que se parece más que nada al Callejón del Gato de Max Estrella. Ya sé que hay muchos medios y periodistas, pero sus perfiles no son más que la versión actual del voceador de periódicos de antaño. Las historias pasan en el mundo exterior. Si no sales, te las pierdes.

 

Escucha, escucha y escucha. Y sigue escuchando. Esto es lo más difícil. Tomarse tiempo para que alguien pueda contarte una historia completa. Siempre, en cualquier lugar y en cualquier momento, por sistema. Y sin tú contar la tuya. Para generar ese vínculo de confianza que incita a la gente a hablar hay que echar ratos largos y desarrollar la mímica necesaria para alentar la conversación sin deformarla. Para que nos entendamos: saber diferenciar entre una consulta médica de cinco minutos y un diagnóstico de House.  

 

Aprende a sospechar. Pero además de escuchar, hay que estar siempre alerta, porque como decía House, “todo el mundo miente”. Sin ser tan radicales, sí hay que tener presente que cada cual cuenta la feria como le va (y ni te digo cuando ya seas periodista y te presentes como tal), da su versión y calla aquello que no le conviene que se sepa. Si notas puntos oscuros en una historia, repregunta. Si algo no está nítido, pide que te lo aclaren. Si la historia no encaja, es posible que no se sostenga. Si puedes, echa un ojo a los posibles anclajes: busca la versión de la otra parte, ve al registro, pide papeles (*)…  Hasta las desgracias más pavorosas a simple vista hay que rastrearlas.

 

Abre un blog. Es fácil, es gratis y es la manera menos frustrante de demostrar que sabes escribir historias de interés. De que quieres hacerlo por encima de todo. Escribe buenos reportajes, reales, bien hechos. Sé constante. Si puedes, mantén una regularidad periódica (semanal, quincenal, mensual) para obligarte a trabajar. No hables mucho de ti. Mejor, no hables nada de ti. Cuando mandes el currículum, acompáñalo con algunas muestras de tu mejor trabajo. Con orgullo: quien selecciona, las va a leer con atención e interés.

 

Empieza por lo que hay cerca de ti. Vender bolsos falsos en el top manta. Apostarse en un umbral de la calle Montera para encarnar los deseos de otro. Ofrecer pañuelos de papel en un semáforo. Convivir con un enfermo mental grave. Levantarse a las cuatro de la mañana para ir a fregar despachos. Perder la casa de un día para otro por no tener trabajo. Si cualquier vida puede convertirse en una novela, también puede generar un buen reportaje. De nuevo el olfato.

 

No reescribas las historias de otros. Pecado mortal, que lo sepas. Sí, ya sé, tú también quieres ir a contar lo de los albinos africanos, vale, pero es que ya se ha hecho. Muchas veces. Para imitar a otros vale cualquiera. Para generar nuevas propuestas, no. Es una cualidad valiosa en periodismo.   

 

Pero sí lee las grandes historias de otros. Si quieres modelos inspiradores, lee grandes reportajes. Algunas de las publicaciones que apuestan por historias amplias y profusamente documentadas, con numerosas fuentes, con un seguimiento exhaustivo de los hechos y los personajes, se pueden leer gratis. The New Yorker. Las historias largas de Associated Press. ElFaro.net. Revista 5W. The New York Times. Fíjate en la su ambiciosa técnica y tenla en mente cuando quieras escribir.

 

Búscale las vueltas a todo lo que lees. Alimenta al editor que hay (o debería haber) dentro de todo periodista. Cuando leas cualquier artículo, piensa siempre qué le falta, qué no ha dicho, qué parte cojea, qué dato chirría. Engrasa el espíritu crítico para depurar tu propio estilo.  

 

Escribe como hay que escribir. Si escribes por tu cuenta, hazlo con la máxima honestidad, tiempo y profusión de fuentes. Haz todas las llamadas que tengas que hacer. Corrobora las versiones hasta aburrirte. Haz un seguimiento de las historias, porque, a veces, puede haber un desenlace semanas o meses después.

 

Dale caña al inglés. Y a todos los idiomas que puedas, pero sobre todo al inglés. El lenguaje de los grandes periódicos (y revistas, y agencias) en inglés tiene todas las claves para contar bien una historia: fluidez, precisión, agilidad, elegancia, orden, separación de párrafos, titulación, sencillez, corrección y eficacia. En España también se escriben excelentes reportajes, pero siempre es bueno ampliar los modelos.

 

Ejercita la velocidad. Eso. Ojalá me lo hubieran exigido en mis comienzos, tan torpones, cuando me echaban a mesas redondas de media jornada y empleaba la otra media en resumirlas. Cuanto antes aprendas a tomar notas eficaces y a extraer entrecomillados, mejor. Ve a eventos (presentaciones de libros o informes, conferencias, jornadas, inauguraciones, entregas de premios, plenos de ayuntamientos, juicios…), hay miles de convocatorias a las que puedes ir ya sin carnet de prensa ni acreditación para refinar tu técnica.

 

Haz fotos. Con el móvil, si quieres. Por mucho que nos neguemos diciendo que ese no es nuestro trabajo, al final es muy útil. Y más si te mueves en digital. Es lo que hay.

 

Pide esa beca de verano. Pide todas las que puedas, todas las que surjan. Selecciona bien: ni medios demasiado cutres, porque no vas a aprender gran cosa, ni extremistas, porque pueden ser un lastre para tu currículum. Vas a aprender mucho, vas a pisar la redacción, vas a saber qué es cubrir convocatorias, vas a hacer breves y pies de foto hasta que te duelan los dedos. Pero también vas a pasártelo bomba, vas a conocer a gente sabia y, aunque solo seas pinche, vas a estar en un fogón en el que se cocinan grandes platos. Te va a encantar. Y como tu músculo periodístico ya estará en forma, tú les vas a encantar. En este oficio nos cruzamos todos varias veces a lo largo de la vida, así que lo ideal es ser inolvidable.

 

(*) Anécdota al vuelo: recuerdo que hace unos años, a un conocido que trabajaba en Sudamérica lo pusieron en una situación angustiosa. Un colega local le dijo que tenía un hijo muy enfermo y que le prestara dinero para el tratamiento. Le respondió que dinero no podía ser, porque andaba apurado, pero que le trajera el historial médico del niño para mandarlo fotocopiado a España, donde había magníficos especialistas. Nunca se volvió a hablar del tema.